8 de Octubre: 40 Años del Asesinato del che Guevara Por el Imperialismo Yanqui

4 10 2008


Che Guevara – Mensaje a los pueblos del mundo

abril1967

Creardos, tres… muchos Vietnam, es la consigna.
– Che

Esla hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz.
– JoséMartí

Yase han cumplido veintiún años desde el fin de la últimaconflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad delenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota delJapón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de losdispares campos en que el mundo se divide.

Veintiúnaños sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontacionesmáximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen unacifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esapaz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (lamiseria, la degradación, la explotación cada vez mayor de enormessectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real.

Noes la intención de estas notas historiar los diversos conflictos decarácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón,no es tampoco nuestra tarea hacer el recuento, numeroso y creciente,de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz.Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo lasguerras de Corea y Vietnam.

Enla primera, tras años de lucha feroz, la parte norte del país quedósumida en la más terrible devastación que figure en los anales dela guerra moderna; acribillada a bombas; sin fábricas, escuelas uhospitales; sin ningún tipo de habitación para albergar a diezmillones de habitantes.

Enesta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las NacionesUnidas, decenas de países conducidos militarmente por los EstadosUnidos, con la participación masiva de soldados de esa nacionalidady el uso, como carne de cañón, de la población sudcoreanaenrolada.

Enel otro bando, el ejército y el pueblo de Corea y los voluntarios dela República Popular China contaron con el abastecimiento y asesoríadel aparato militar soviético. Por parte de los norteamericanos sehicieron toda clase de pruebas de armas de destrucción, excluyendolas termonucleares pero incluyendo las bacteriológicas y químicas,en escala limitada. En Vietnam, se han sucedido acciones bélicas,sostenidas por las fuerzas patrióticas de ese país casiininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japón, cuyopoderío sufriera una caída vertical a partir de las bombas deHiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera de aquel país vencidosus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentosdifíciles; y los Estados Unidos, en esta última fase de lacontienda.

Hubieronconfrontaciones limitadas en todos los continentes, aun cuando en elamericano, durante mucho tiempo, sólo se produjeron conatos de luchade liberación y cuartelazos, hasta que la Revolución cubana dierasu clarinada de alerta sobre la importancia de esta región yatrajera las iras imperialistas, obligándola a la defensa de suscostas en Playa Girón, primero, y durante la Crisis de Octubre,después.

Esteúltimo incidente pudo haber provocado una guerra de incalculablesproporciones, al producirse, en torno a Cuba, el choque denorteamericanos y soviéticos.

Pero,evidentemente, el foco de contradicciones, en este momento, estáradicado en los territorios de la península indochina y los paísesaledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, quedejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, elimperialismo norteamericano, y toda la zona se convierte en unapeligrosa espoleta presta a detonar.

EnVietnam la confrontación ha adquirido características de unaagudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra.Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo.

En1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron losacuerdos de Ginebra, que dividían al país en dos zonas yestipulaban la realización de elecciones en un plazo de 18 mesespara determinar quiénes debían gobernar a Vietnam y cómo sereunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dichodocumento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador BaoDai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Esteresultó ser Ngo Din Diem, cuyo trágico fin -el de la naranjaexprimida por el imperialismo- es conocido de todos.

Enlos meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo enel campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de luchaantifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lopactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habríaelecciones a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces deimponer su voluntad en las urnas, cosa que no podía ocurrir, aunutilizando todos los métodos de fraude de ellos conocidos.

Nuevamentese iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendomayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejércitonorteamericano se compone de casi medio millón de invasores,mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo,han perdido totalmente la combatividad.

Hacecerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeosistemático de la República Democrática de Vietnam en un intentomás de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferenciadesde posiciones de fuerza. Al principio, los bombardeos fueron máso menos aislados y se revestían de la máscara de represalias porsupuestas provocaciones del norte. Después aumentaron en intensidady método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabopor las unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con elpropósito de destruir todo vestigio de civilización en la zonanorte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada.

Lasaspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buenaparte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreasvietnamitas, de los más de 1.700 aviones derribados y de la ayudadel campo socialista en material de guerra.

Hayuna penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa lasaspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido,está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de latécnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunasposibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo. Lasolidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnamsemeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores delcirco romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitosal agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerteo la victoria.

Cuandoanalizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de estemomento ilógico de la humanidad. El imperialismo norteamericano esculpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartidos portodo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpableslos que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnamparte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, losriesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando auna decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpableslos que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzadahace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandespotencias del campo socialista.

Preguntemos,para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam,haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna?

Y¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el deese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha.

Hastadentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensabaen serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo -paralimar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerzaexplosiva y cada vez más frecuentemente. Lo cierto es que lasmejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gransociedad han caído en el sumidero de Vietnam.

Elmás grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas eldesangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosaeconomía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser elmás cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no ennúmero suficiente, es todo lo que tienen estos soldadosmaravillosos, además del amor a su patria, a su sociedad y un valora toda prueba. Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no hallacamino de salida y busca desesperadamente alguno que le permitasortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los«cuatro puntos» del norte y «los cinco» del sur lo atenazan,haciendo aún más decidida la confrontación.

Todoparece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado talnombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración decarácter mundial, está otra vez en peligro de romperse antecualquier paso irreversible e inaceptable, dado por losnorteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es elpapel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan yaprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra,los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer laguerra, es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente encada punto de confrontación, debe ser la táctica general de lospueblos.

Pero,en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota,¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.

Elpanorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de laliberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientementedesarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo,pero tan débiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo oiniciar esa ruta. Allí las contradicciones alcanzarán en lospróximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende,la solución de los mismos son diferentes a la de nuestros pueblosdependientes y atrasados económicamente.

Elcampo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los trescontinentes atrasados, América, Asia y Africa. Cada país tienecaracterísticas propias, pero los continentes, en su conjunto,también las presentan.

Américaconstituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidadde su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienenuna primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de loscasos, débiles y medrosos, no pueden oponerse a las órdenes del amoyanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de sudominación política y económica, poco más podrían avanzar ya;cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retrocesoen su primacía. Su política es mantener lo conquistado. La líneade acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerzapara impedir movimientos de liberación, de cualquier tipo que sean.

Bajoel slogan, «no permitiremos otra Cuba», se encubre la posibilidadde agresiones a mansalva, como la perpretada contra Santo Domingo o,anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de quelas tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugarde América donde el orden establecido sea alterado, poniendo enpeligro sus intereses. Es política cuenta con una impunidad casiabsoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada queesté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lotrágico, los ejércitos de todos los países de América estánlistos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, dehecho, la internacional del crimen y la traición.

Porotra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidadde oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sóloforman su furgón de cola.

Nohay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura derevolución.

Asiaes un continente de características diferentes. Las luchas deliberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieronpor resultado el establecimiento de gobiernos más o menosprogresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, deprofundización de los objetivos primarios de la liberación nacionaly en otros de reversión hacia posiciones proimperialistas.

Desdeel punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder ymucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha pordesplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas deacción en el campo económico, a veces directamente, otrasutilizando al Japón.

Peroexisten condiciones políticas especiales, sobre todo en la penínsulaindochina, que le dan características de capital importancia al Asiay juegan un papel importante en la estrategia militar global delimperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a travésde Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lomenos.

Esadoble situación: un interés estratégico tan importante como elcerco militar a la República Popular China y la ambición de suscapitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan,hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundoactual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del áreavietnamita.

Perteneciendogeográficamente a este continente, pero con sus propiascontradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin quese pueda prever hasta dónde llegará esa guerra fría entre Israel,respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de lazona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.

ElAfrica ofrece las características de ser un campo casi virgen parala invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en algunamedida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguasprerrogativas de carácter absoluto. Pero, cuando los procesos sellevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sinviolencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a ladominación económica se refiere. Estados Unidos no tenía coloniasen esta región y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotoscerrados de sus socios. Se puede asegurar que Africa constituye, enlos planes estratégicos del imperialismo norteamericano, sureservorio a largo plazo; sus inversiones actuales sólo tienenimportancia en la Unión Sudafricana y comienza su penetración en elCongo, Nigeria y otros países, donde se inicia una violentacompetencia (con carácter pacífico hasta ahora) con otros poderesimperialistas.

Notiene todavía grandes intereses que defender salvo su pretendidoderecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopoliosolfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas dematerias primas. Todos estos antecedentes hacen lícito elplanteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberación delos pueblos a corto o mediano plazo.

Sianalizamos el Africa veremos que se lucha con alguna intensidad enlas colonias portuguesas de Guinea, Mozambique y Angola, conparticular éxito en la primera y con éxito variable en las dosrestantes. Que todavía se asiste a la lucha entre los sucesores deLumumba y los viejos cómplices de Tshombe en el Congo, lucha que, enel momento actual, parece inclinarse a favor de los últimos, los quehan «pacificado» en su propio provecho una gran parte del país,aunque la guerra se mantenga latente.

EnRhodesia el problema es diferente: el imperialismo británico utilizótodos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minoríablanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto devista de Inglaterra, es absolutamente antioficial, sólo que estapotencia, con su habitual habilidad diplomática -también llamadahipocresía en buen romance- presenta una fachada de disgustos antelas medidas tomadas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en sutaimada actitud por algunos de los países del Commonwealth que lasiguen, y atacada por una buena parte de los países del AfricaNegra, sean o no dóciles vasallos económicos del imperialismoinglés.

EnRhodesia la situación puede tornarse sumamente explosiva sicristalizaran los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse enarmas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las nacionesafricanas vecinas. Pero por ahora todos los problemas se ventilan enorganismos tan inicuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA.

Sinembargo, la evolución política y social del Africa no hace preveruna situación revolucionaria continental. Las luchas de liberacióncontra los portugueses deben terminar victoriosamente, pero Portugalno significa nada en la nómina imperialista. Las confrontaciones deimportancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo elaparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por laliberación de las tres colonias portuguesas y por la profundizaciónde sus revoluciones.

Cuandolas masas negras de Sudáfrica o Rhodesia inicien su auténtica lucharevolucionaria, se habrá iniciado una nueva época en el Africa. O,cuando las masas empobrecidas de un país se lancen a rescatar suderecho a una vida digna, de las manos de las oligarquíasgobernantes.

Hastaahora se suceden los golpes cuartelarios en que un grupo de oficialesreemplaza a otro o a un gobernante que ya no sirva a sus intereses decasta y a los de las potencias que los manejan solapadamente, pero nohay convulsiones populares. En el Congo se dieron fugazmente estascaracterísticas impulsadas por el recuerdo de Lumumba, pero han idoperdiendo fuerza en los últimos meses.

EnAsia, como vimos, la situación es explosiva, y no son sólo Vietnamy Laos, donde se lucha, los puntos de fricción. También lo esCambodia, donde en cualquier momento puede iniciarse la agresióndirecta norteamericana, Tailandia, Malasia y, por supuesto,Indonesia, donde no podemos pensar que se haya dicho la últimapalabra pese al aniquilamiento del Partido Comunista de ese país, alocupar el poder los reaccionarios. Y, por supuesto, el Oriente Medio.

EnAmérica Latina se lucha con las armas en la mano en Guatemala,Colombia, Venezuela y Bolivia y despuntan ya los primeros brotes enBrasil. Hay otros focos de resistencia que aparecen y se extinguen.Pero casi todos los países de este continente están maduros parauna lucha de tipo tal, que para resultar triunfante, no puedeconformarse con menos que la instauración de un gobierno de cortesocialista.

Eneste continente se habla prácticamente una lengua, salvo el casoexcepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana puedenentenderse, dada la similitud de ambos idiomas. Hay una identidad tangrande entre las clases de estos países que logran unaidentificación de tipo «internacional americano», mucho máscompleta que en otros continentes. Lengua, costumbres, religión, amocomún, los unen. El grado y las formas de explotación son similaresen sus efectos para explotadores y explotados de una buena parte delos países de nuestra América. Y la rebelión está madurandoaceleradamente en ella.

Podemospreguntarnos: esta rebelión, ¿cómo fructificará?; ¿de qué tiposerá? Hemos sostenido desde hace tiempo, que dadas suscaracterísticas similares, la lucha en América adquirirá, en sumomento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandesbatallas dadas por la humanidad para su liberación.

Enel marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente sesostienen en forma activa son sólo episodios, pero ya han dado losmártires que figurarán en la historia americana como entregando sucuota de sangre necesaria en esta última etapa de la lucha por lalibertad plena del hombre. Allí figurarán los nombres delcomandante Turcios Lima, del cura Camilo Torres, del comandanteFabricio Ojeda, de los comandantes Lobatón y Luis de la PuenteUceda, figuras principalísimas en los movimientos revolucionarios deGuatemala, Colombia, Venezuela y Perú.

Perola movilización activa del pueblo crea sus nuevos dirigentes: CésarMontes y Yon Sosa levantan la bandera en Guatemala, Fabio Vázquez yMarulanda lo hacen en Colombia, Douglas Bravo en el occidente delpaís y Américo Martín en El Bachiller, dirigen sus respectivosfrentes en Venezuela.

Nuevosbrotes de guerra surgirán en estos y otros países americanos, comoya ha ocurrido en Bolivia, e irán creciendo, con todas lasvicisitudes que entraña este peligroso oficio de revolucionariomoderno. Muchos morirán víctimas de sus errores, otros caerán enel duro combate que se avecina; nuevos luchadores y nuevos dirigentessurgirán al calor de la lucha revolucionaria. El pueblo iráformando sus combatientes y sus conductores en el marco selectivo dela guerra misma, y los agentes yanquis de represión aumentarán. Hoyhay asesores en todos los países donde la lucha armada se mantiene yel ejército peruano realizó, al parecer, una exitosa batida contralos revolucionarios de ese país, también asesorado y entrenado porlos yanquis. Pero si los focos de guerra se llevan con suficientedestreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles yexigirán nuevos envíos de los yanquis. En el propio Perú, contenacidad y firmeza, nuevas figuras aún no completamente conocidas,reorganizan la lucha guerrillera. Poco a poco, las armas obsoletasque bastan para la represión de pequeñas bandas armadas, iránconvirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores encombatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se veanobligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares paraasegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejército nacionaltítere se desintegra ante los combates de las guerrillas. Es elcamino de Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es elcamino que seguirá América, con la característica especial de quelos grupos en armas pudieran formar algo así como Juntas deCoordinación para hacer más difícil la tarea represiva delimperialismo yanqui y facilitar la propia causa.

América,continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación,que empieza a hacerse sentir a través de la Tricontinental en la vozde la vanguardia de sus pueblos, que es la Revolución cubana, tendráuna tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del segundo otercer Vietnam o del segundo y tercer Vietnam del mundo.

Endefinitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistemamundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en unagran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa luchadebe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nostoca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la deeliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestrospueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas,técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales-instrumentos de dominación-, armas y toda clase de artículos,sumiéndonos en una dependencia absoluta. El elemento fundamental deesa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real delos pueblos; liberación que se producirá, a través de luchaarmada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casiindefectiblemente, la propiedad de convertirse en una revoluciónsocialista.

Alenfocar la destrucción del imperialismo, hay que identificar a sucabeza, la que no es otra que los Estados Unidos de Norteamérica.

Debemosrealizar una tarea de tipo general que tenga como finalidad tácticasacar al enemigo de su ambiente obligándolo a luchar en lugaresdonde sus hábitos de vida choquen con la realidad imperante. No sedebe despreciar al adversario; el soldado norteamericano tienecapacidad técnica y está respaldado por medios de tal magnitud quelo hacen temible. Le falta esencialmente la motivación ideológica,que tienen en grado sumo sus más enconados rivales de hoy: lossoldados vietnamitas. Solamente podremos triunfar sobre ese ejércitoen la medida en que logremos minar su moral. Y ésta se minainfligiéndole derrotas y ocasionándole sufrimientos repetidos.

Peroeste pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí sacrificiosinmensos de los pueblos, sacrificios que debe exigirse desde hoy, ala luz del día, y que quizás sean menos dolorosos que los quedebieron soportar si rehuyéramos constantemente el combate, paratratar de que otros sean los que nos saquen las castañas del fuego.

Claroque, el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sinlucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel comola que hacen los imperialistas, se le ahorrarán a ese pueblo. Perotal vez sea imposible eludir esa lucha o sus efectos, en unacontienda de carácter mundial y se sufra igual o más aún. Nopodemos predecir el futuro, pero jamás debemos ceder a la tentaciónclaudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela sulibertad, pero reniega de la lucha que ésta conlleva y la esperacomo un mendrugo de victoria.

Esabsolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tanimportante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas quetiene la América dependiente de liberarse en formas pacíficas. Paranosotros está clara la solución de este interrogante; podrá ser ono el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero nopodemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello delograr la libertad sin combatir. Y los combates no serán merasluchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni dehuelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un puebloenfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo delas oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, dondesu frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, enlas casas de los combatientes -donde la represión irá buscandovíctimas fáciles entre sus familiares- en la población campesinamasacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeoenemigo.

Nosempujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse aemprenderla.

Loscomienzos no serán fáciles; serán sumamente difíciles. Toda lacapacidad de represión, toda la capacidad de brutalidad y demagogiade las oligarquías se pondrá al servicio de su causa. Nuestramisión, en la primera hora, es sobrevivir, después actuará elejemplo perenne de la guerrilla realizando la propaganda armada en laacepción vietnamita de la frase, vale decir, la propaganda de lostiros, de los combates que se ganan o se pierden, pero se dan, contralos enemigos.

Lagran enseñanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo enlas masas de los desposeídos. La galvanización del espíritunacional, la preparación para tareas más duras, para resistirrepresiones más violentas.

Elodio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, queimpulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y loconvierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina dematar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio nopuede triunfar sobre un enemigo brutal.

Hayque llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, asus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener unminuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles,y aun dentro de los mismos: atacarlo dondequiera que se encuentre;hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite.Entonces su moral irá decayendo.

Sehará más bestial todavía, pero se notarán los signos deldecaimiento que asoma.

Yque se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; conejércitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la quese luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, detal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, deGuatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil,para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada seaigualmente glorioso y apetecible para un americano, un asiático, unafricano y, aun, un europeo.

Cadagota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se hanacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarlaluego en la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cadapueblo que se libere, es una fase de la batalla por la liberacióndel propio pueblo que se ha ganado.

Esla hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo alservicio de la lucha.

Queagitan grandes controversias al mundo que lucha por la libertad, losabemos todos y no lo podemos esconder. Que han adquirido un caráctery una agudeza tales que luce sumamente difícil, si no imposible, eldiálogo y la conciliación, también lo sabemos. Buscar métodospara iniciar un diálogo que los contendientes rehuyen es una tareainútil. Pero el enemigo está allí, golpea todos los días yamenaza con nuevos golpes y esos golpes nos unirán, hoy, mañana opasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unión necesariatendrán el reconocimiento de los pueblos.

Dadaslas virulencias e intransigencias con que se defiende cada causa,nosotros, los desposeídos, no podemos tomar partido por una u otraforma de manifestar las discrepancias, aun cuando coincidamos a vecescon algunos planteamientos de una u otra parte, o en mayor medida conlos de una parte que con los de la otra. En el momento de la lucha,la forma en que se hacen visibles las actuales diferenciasconstituyen una debilidad; pero en el estado en que se encuentran,querer arreglarlas mediante palabras es una ilusión. La historia lasirá borrando o dándoles su verdadera explicación.

Ennuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a latáctica, método de acción para la consecución de objetivoslimitados, debe analizarse con el respeto que merecen lasapreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, ladestrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemosser intransigentes.

Sinteticemosasí nuestras aspiraciones de victoria: destrucción del imperialismomediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominioimperialista de los Estados Unidos de Norteamérica. Tomar comofunción táctica la liberación gradual de los pueblos, uno a uno opor grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de suterreno; liquidándole sus bases de sustentación, que sonterritorios dependientes.

Esosignifica una guerra larga. Y, lo repetimos una vez más, una guerracruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadievacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer parasu pueblo. Es casi la única esperanza de victoria.

Nopodemos eludir el llamado de la hora. Nos lo enseña Vietnam con supermanente lección de heroísmo, su trágica y cotidiana lección delucha y de muerte para lograr la victoria final.

Allí,los soldados del imperialismo encuentran la incomodidad de quien,acostumbrado al nivel de vida que ostenta la nación norteamericana,tiene que enfrentarse con la tierra hostil; la inseguridad de quienno puede moverse sin sentir que pisa territorio enemigo; la muerte alos que avanzan más allá de sus reductos fortificados, lahostilidad permanente de toda la población. Todo eso va provocandola repercusión interior en los Estados Unidos; va haciendo surgir unfactor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha declases aun dentro de su propio territorio.

¡Cómopodríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres,muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuotade muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, consus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entrañapara éste de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odiocreciente de los pueblos del mundo!

Ysi todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpesfueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a lospueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería elfuturo, y qué cercano!

Sia nosotros, los que en un pequeño punto del mapa del mundo cumplimosel deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha estepoco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio,nos toca alguno de estos días lanzar el último suspiro sobrecualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase quehemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramosnada más que elementos en el gran ejército del proletariado, peronos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolución cubana yde su gran dirigente máximo la gran lección que emana de su actituden esta parte del mundo: «qué importan los peligros o sacrificiosde un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de lahumanidad.»

Todanuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y unclamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del génerohumano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar quenos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestrogrito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano setienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten aentonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevosgritos de guerra y de victoria.

Tricontinental.Suplemento especial, 16 de abril de 1967


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: